La derecha mediática y el TDT Party han desprestigiado la figura de uno de los jefes de gobierno y estado de España. Hablo de D. Manuel Azaña. Era de centro-izquierda.Fue uno de los políticos y oradores más importantes en la política española del siglo XX, además de un notable periodista y escritor. Fue galardonado con un Premio Nacional de Literatura en 1926 por su biografía Vida de Don Juan Valera. Su obra más conocida es el diálogo La velada en Benicarló, una reflexión sobre la década de los años treinta en España. Sus Diarios son unos de los documentos más importantes para el conocimiento del momento histórico en el que vivió.
Manuel Azaña nació en una familia de sólida posición económica y con presencia en la política y la vida intelectual de Alcalá el 10 de enero de 1880. Era un alumno de notas excelentes, predominando entre sus calificaciones el sobresaliente, aunque finalmente culminaría sus estudios de bachiller con la calificación de aprobado. Por decisión de su abuela, Manuel realizó sus estudios superiores de Derecho interno en el recién creado Real Colegio de Estudios Superiores María Cristina de El Escorial. Dado que el colegio carecía de la facultad de expedir títulos de licenciatura, los alumnos debían examinarse por libre en la Universidad de Zaragoza.
En 1898, en la Universidad de Zaragoza, pasó el examen de grado deLicenciatura en Derecho con la calificación de sobresaliente.
Desde octubre de 1899 formaba parte como socio de la Academia de Jurisprudencia, donde participaba activamente en diversos debates. En enero de 1902 leyó su memoria sobre La libertad de asociación, en la que abordaba la necesidad de que las órdenes y congregaciones religiosas se regulasen por el Estado, y apelaba al respeto a la libertad de enseñanza para las asociaciones de católicos formadas para ese fin. En otras intervenciones, a propósito de memorias expuestas por distintos socios, Azaña expresó ideas como que lo decisivo para elegir un sistema de gobierno era el grado de aceptación de este, fuese monarquía o república, y la existencia de principios como el respeto a la igualdad entre los ciudadanos, el sufragio universal, la soberanía nacional y las instituciones representativas. En otro caso, apeló a la necesidad de que la ley estableciese una reforma que introdujese una verdadera libertad de mercado, con el reconocimiento de la libertad de asociación del proletariado.
Hacia finales de 1900, Azaña ingresó también en el Ateneo de Madrid, donde expresó frecuentemente su actitud crítica tanto hacia lageneración del 98 como hacia el regeneracionismo.
Por otro lado, desde febrero de 1901 empezó a colaborar, con textos literarios y de crítica teatral, en la revista Gente Vieja, firmando con el seudónimo de Salvador Rodrigo, que ya había utilizado en su adolescencia.
En enero de 1930, la retirada de Primo de Rivera provocó un revulsivo en la situación, haciendo que el sentimiento republicano se reactivase. Así, el 8 de febrero se presentó públicamente el grupo de Acción Republicana y Azaña retomó su idea de una gran coalición de fuerzas políticas unidas por su actitud pro-república, con la novedad de que, en esa ocasión, prescindió de forma explícita de todo lo que no fuese izquierdas. Y subrayó que la república
cobijará sin duda a todos los españoles; a todos les ofrecerá justicia y libertad; pero no será una monarquía sin rey: tendrá que ser una República republicana, pensada por los republicanos, gobernada y dirigida según la voluntad de los republicanos.
Por fin, el día 12 de abril de 1931 la coalición republicano-socialista triunfó en la elecciones municipales en las capitales y principales poblaciones. Ante el entusiasmo de la población en Madrid, que salió a la calle, Azaña fue recogido de la casa donde estaba escondido por sus compañeros y se dirigió junto a ellos hasta la Puerta del Sol, para asomarse posteriormente al balcón del Ministerio de la Gobernación.
Esa misma noche, acompañado por el capitán de artillería Arturo Menéndez, se presentó en el Palacio de Buenavista, donde se encontró con el subsecretario del Ministerio del Ejército, general Ruiz Fornells. Se hizo cargo del Ministerio y así se lo comunicó a todas las guarniciones militares, a las que pidió patriotismo y disciplina; posteriormente, mediante decreto, estableció la obligación de todos los miembros del estamento militar de prometer su adhesión y fidelidad a la República, quedando sin efecto el hecho a las instituciones en ese momento ya desaparecidas. Con el decreto conocido como de retiros o ley Azaña, inició un proceso de reducción de efectivos militares. En general, la intelectualidad elogió esas medidas, pero causó malestar en altas jerarquías militares.
Como consecuencia de la llegada de la República, y con vistas a las inminentes elecciones de Cortes Constituyentes, el grupo político de Azaña, Acción Republicana, se convirtió en partido político, decidiéndose por una orientación izquierdista. A lo largo de su primera Asamblea nacional, celebrada a finales de mayo, perfilaron su programa político cuidándose mucho de mantener una posición intermedia entre los socialistas y los radicales de Lerroux. En el mitin inaugural de la campaña, en Valencia en junio, Azaña reiteró el objetivo de romper radicalmente con el pasado y de reconstruir el país y el Estado, para lo cual se hacía necesario triturar al caciquismo.
En las elecciones del 28 de junio, Acción Republicana consiguió 21 diputados. Su maniobra consiguiente fue intentar no quedar subordinado a Lerroux ni romper con los socialistas, reforzando la Alianza y sosteniendo para su partido una posición izquierdista, que quedaría plenamente definida en su segunda Asamblea nacional, celebrada en septiembre, quedando Azaña como presidente.
Azaña fue presidente del Gobierno en octubre de 1931.
Los objetivos inmediatos fueron la aprobación de la Constitución y de los presupuestos de la República, y la elaboración de la Ley Agraria. Además, sacó adelante una Ley de Defensa con la intención de dotar de facultades extraordinarias al gobierno en caso de necesidad, y promulgó un decreto para reducir considerablemente las plantillas de funcionarios. Una vez aprobada la Constitución, recuperó a Alcalá Zamora para la presidencia de la República, con lo que incorporó a la derecha liberal católica como fuerza participante en la dirección del país. En diciembre, consiguió que Alianza Republicana aceptase definitivamente la coalición con los socialistas para el gobierno, lo que provocó la retirada inmediata de Lerroux. A continuación, Azaña presentó la dimisión del gobierno ante Alcalá Zamora y dejó en sus manos la solución de la crisis. El presidente de la República, asesorado por Besteiro y el mismo Lerroux, encargó de nuevo la tarea de formar gobierno a Azaña, quien en principio intentó repetir el equilibrio de fuerzas anterior. Sin embargo, Lerroux terminó por negarse sobre la base de su incompatibilidad con los socialistas, y con la probable intención de que un gobierno de ese tipo le pudiese abrir las puertas a la presidencia del mismo unos meses después. Azaña volvió otra vez a poner su cargo a disposición de Alcalá Zamora, pero este lo confirmó en el mismo.
El 17 de diciembre pudo, por fin, presentar un programa que se reveló como muy ambicioso, y que tenía como puntos más sobresalientes la Ley de Reforma Agraria, la incorporación de los sindicatos a las negociaciones laborales, la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, el Estatuto de Autonomía de Cataluña, una reforma educativa con el objetivo de universalizar la enseñanza primaria, la introducción del divorcio, la reforma del Código Civil, la equiparación de derechos entre hombres y mujeres, terminar con la reforma militar, etc. Tuvo tiempo, además, para estrenar su drama La Corona en Barcelona, el 19 de diciembre. Dos graves problemas sociales tuvo que afrontar a comienzos de 1932: una huelga general convocada por la Federación de Trabajadores de la Tierra (de la UGT) que tuvo como resultado varias muertes, tanto por parte de la Guardia Civil como de manifestantes, y la proclamación del comunismo libertario en la cuenca del Llobregat. En ambos casos, justificó el uso de la fuerza militar como única forma, no de controlar las huelgas, sino de reconducir un orden que había sido violentamente quebrado. En este sentido, puso el límite de lo asumible por el gobierno en lo marcado por la Constitución.
En 1933 fue retirado de su cargo, y la CEDA accedió al Gobierno.
El 16 de febrero de 1936 resultó vencedora esta coalición de partidos de izquierda por un ajustado número de votos, aunque en escaños la victoria fue rotunda. Inmediatamente, el presidente del Consejo, Manuel Portela Valladares, dimitió y Azaña se hizo cargo del gobierno sin que las Cortes se hubiesen llegado a constituir. Los mensajes de Azaña a la población fueron, constantemente, en la misma dirección:
tranquilizar los ánimos, asentar la democracia, aplicar lealmente el programa electoral, democratizar el ejército para evitar situaciones como las de las últimas horas [tras el triunfo del frente popular, hubo rumores de golpe de Estado], aprobar la amnistía [para los represaliados de la revolución de octubre], restablecer el orden, aplicar la ley.
El 19 de febrero de 1936 se formó el nuevo gobierno, que presentaba una coalición de Izquierda Republicana y Unión Republicana. Al tiempo que gestionaba la amnistía de presos antes citada y restablecía las relaciones con Cataluña anulando la suspensión del Estatuto, el estado de alarma que existía en el país le permitió encarcelar a la plana mayor de Falange Española por el atentado cometido por un falangista el 12 de marzo contra el Vicepresidente de las Cortes, Luis Jiménez de Asúa (en el que moriría solo su escolta). A la tensión y violencia que se vivía en el país, Azaña contrapuso un discurso en las Cortes el 3 de abril en el que intentó calmar los ánimos, sobre todo ante la desorientación de los dos partidos con mayor representación parlamentaria y mayor seguimiento popular: la CEDA y el PSOE. El 15 de abril presentó su gobierno ante las Cortes, pero ya con la idea de acceder a la Presidencia de la República, en la creencia de que su popularidad le habilitaban más para ese cargo como árbitro que en la presidencia del gobierno. Por lo demás, desde ahí tenía también como objetivo el incorporar definitivamente a los socialistas al gobierno.
El 30 de abril fue elegido candidato único a la Presidencia de la República de todos los partidos que formaban el Frente Popular. Tras la destitución de Alcalá-Zamora (cuyo partido liberal-demócrata había sufrido un descalabro en las elecciones), fue elegido Presidente de la República el 10 de mayo de 1936 con 754 votos de los 874 diputados, jurando el cargo al día siguiente.
En el verano de 1936, estalla la Guerra Civil.
En 1938 se exilia a Francia.
En 1940, sufrió mucho Azaña.
El día 16 septiembre sufrió un grave infarto cerebral que le afectó al habla y le provocó parálisis facial. Un mes después, parecía sin embargo estar bastante recuperado, hasta el punto de que el nuevo obispo de Montauban, Pierre-Marie Théas, que acababa de intervenir para lograr la conmutación de la pena de muerte recientemente impuesta a Cipriano de Rivas, se acercó hasta el hotel para conocerlo. Con todo, a finales de octubre sufrió una nueva recaída de la que ya no se podría recuperar:
pasadas las diez de la noche del día 3 de noviembre, viéndole morir y angustiada por su soledad en aquel dolor, [Dolores Rivas Cherif] encargó a Antonio Lot que llamara a Saravia y [una] monja, sor Ignace, que cumpliendo sus deseos volvió un poco más tarde acompañando al obispo. Y así, en el momento de su muerte, (...) a las doce menos cuarto de la noche, rodeaban a Manuel Azaña (...) su mujer, Dolores de Rivas Cherif, el general Juan Hernández Saravia, el pintor Francisco Galicia, el mayordomo Antonio Lot, el obispo Pierre-Marie Théas y la monja Ignace.
El entierro tuvo lugar el día 5. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Montauban (Trapeze Q, Section 7).
Mucha gente de la derecha mediática dice que Azaña fue un asesino. Falso. Durante la Guerra Civil dijo estas palabras para referirse a los republicanos que mataban a presos franquistas o a personas civiles por ser acusas de fascistas:
"No quiero ser presidente de una República de asesinos."
Dicen que Azaña odiaba a España. Falso, Azaña era un ferviente patriota y un defensor de España.
"Os permito, tolero, admito, que no os importe la República, pero no que no os importe España. El sentido de la Patria no es un mito"
"El patriotismo no es un código de doctrina; el patriotismo es una disposición del ánimo que nos impulsa, como quien cumple un deber, a sacrificarnos en aras del bien común; pero ningún problema político tiene escrita su solución en el código del patriotismo. Delante de un problema político, grave o no grave, pueden ofrecerse dos o más soluciones, y el patriotismo podrá impulsar, y acuciar, y poner en tensión nuestra capacidad para saber cuál es la solución más acertada; pero una lo será; las demás, no; y aún puede ocurrir que todas sean erróneas. Quiere esto decir, señores diputados, que nadie tiene el derecho de monopolizar el patriotismo, y que nadie tiene el derecho, en una polémica, de decir que su solución es la mejor porque es la más patriótica; se necesita que, además de patriótica, sea acertada."
Azaña fue un ferviente defensor de la República y la democracia, pero sobre todas las cosas, fue un patriota y un hombre de Estado, así como una buena persona.
Si tuviera que definir a Azaña en tres palabras, diría: inteligente, patriota y bondadoso.
Este es el último discurso público de Manuel Azaña, conocido como "El discurso de las 3 P" en Barcelona, el 18 de julio de 1938.
Para a los que os interese, hay una película sobre Manuel Azaña. Su titulo es: "Azaña, cuatro días de julio"
Un fuerte abrazo.
Max
Si tuviera que definir a Azaña en tres palabras, diría: inteligente, patriota y bondadoso.
Este es el último discurso público de Manuel Azaña, conocido como "El discurso de las 3 P" en Barcelona, el 18 de julio de 1938.
Para a los que os interese, hay una película sobre Manuel Azaña. Su titulo es: "Azaña, cuatro días de julio"
Un fuerte abrazo.
Max
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